El cementerio de los coches olvidados

En SEAT tuve temporadas en las que salía muy tarde de trabajar. Estaba en la Zona Franca y, para agilizar mi salida, acortaba el camino pasando por el medio del taller I. Me acuerdo que era de noche y estaba oscuro; solo algunos fluorescentes amarillentos iluminaban vagamente aquel espacio. La soledad era inquietante y los cadáveres descuartizados de palomas daban pistas sobre lo terrible que era aquel espacio abandonado.

En aquel corto paseo por el interior del taller había una parada obligatoria: el cementerio de los coches olvidados. Allí podía contemplar unos cuantos vehículos abandonados, coches que se habían guardado para, en el futuro, dar a conocer los inicios de la marca SEAT. Y allí permanecían, al borde del desguace, muchos de ellos canibalizados. Era una pena.

Un día se me ocurrió ir a ver a la responsable de comunicación, Elvira Beloso, una chica gallega que era periodista, para comentarle lo que veía diariamente. Ella enseguida bajó la voz y, casi susurrándome al oído, me dijo:

-Juanjo, por favor, no comentes nada de eso a nadie, porque si se enteran los de arriba, todos esos coches que están en el taller, automáticamente irán al desguace.

Aquellos coches estaban inventariados y tenían un valor, aunque fuese mínimo. En un momento en el que SEAT se estaba deshaciendo de todo su inmovilizado y se despreciaba lo que era de otra época, el silencio les salvó la vida.

2 comentarios en “El cementerio de los coches olvidados”

  1. Querido Joan, en mi libro ¿Dónde está mi sobre? descubriras muchas cosas parecidas, con un hilo argumental muy parecido. Además todos los beneficios del libro se destinan al hospital de campaña de la parroquia de santa anna de barcelona.
    https://www. santaanna.org/
    Un abrazo
    juanjo

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